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Libro leyendo actualmente:
JUEGOS DE LA EDAD TARDÍA, de Luis Landero.
Los deseos de una vida amorosa e intelectual inquieta que Gregorio alimentó en su juventud se habían esfumado, cuando, convertido en un oficinista gris, conoce un día por teléfono a Gil, hombre modesto, maduro también, quien, tras largos años de exilio, acabó idealizándolo todo en mitos anacrónicos. Estos dos adolescentes otoñales han emprendido juegos demasiado peligrosos que tendrán un desenlace inmesperado.
Recibió el Premio Nacional de Literatura y el Premio de la Crítica en 1991.
Libros que deseo leer:
‘Mal de escuela’ Daniel Penca
Daniel Pennacchioni (1944) es el nombre que se esconde tras Daniel Pennac, todo un valor consolidado. Su saga en torno a la familia Malaussène (‘El señor Malaussène’ o ‘El señor Malaussène en el teatro’, por ejemplo) tiene ya un pedestal. Y ahora va y cuenta su experiencia de zoquete escolar en ‘Mal de escuela’ (Mondadori), traducida recientemente. Ensayo que ganó en 2007 el premio Renaudot. Ahora el mal estudiante se pone a dar lecciones y los demás a tomar nota. El alumno desastroso, el desfavorecido académico ya ha encontrado su homenaje. El borrego puede ser también una musa.
‘La elegancia del erizo’ Muriel Barbery
Se centra en el inmueble número siete de la calle Grenelle de París. La portera tiene pinta desgarbada y es una gran persona. La belleza está en el interior, como se extraía de ‘La bella y la bestia’. Esta portera, Renée Michel tiene «elegancia de erizo», según su vecina, la niña (espontánea ella) Paloma, de 12 años. Sus púas, su distancia y su defensa son su encanto. Ellas pasan del postureo y sienten asfixia vecinal. Se les suma además un nuevo inquilino, otra bella persona. Si fuese una película sería para ver en familia, pero (¿desgraciadamente?) lo que es leer, se lee siempre en soledad.
’13,99′ Frédéric Beigbeder
Hay que decir que analizar la actualidad, o señalar un rasgo de ‘lo contemporáneo’ es un ‘modus operandi’ importante para alcanzar cierta distinción en los anaqueles de novedades. Frédéric Beigbeder (1965) hizo eso en ’13, 99′ (Anagrama) hablando de la publicidad, decoración de las ciudades, condena de los espectadores de cadenas en abierto. Y lo dijo desde su posición de creativo publicitario, profesión de nombre un tanto presuntuoso, por cierto (la creatividad es sólo una hipótesis optimista, y así, generalizada a oficio, es una presunción). Beigbeder alecciona: «Permitidme recordaros que la publicidad es una técnica de intoxicación cerebral que fue inventada por el americano Albert Davis Lasker en 1899, y que, sobre todo, fue desarrollada con gran eficacia por un tal Joseph Goebbels en los años 1930». Así es Beigbeder. Cáustico y creativo profesional.
‘Ojalá fuera cierto’ Marc Levy
A veces la vida da vuelcos. Y a veces estos vuelcos son para bien. Y esos ejemplos biográficos afianzan la creencia general y secular en los milagros. Marc Levy (1961) era un empresario de una firma de diseño de interiores. O sea, ni tiene una formación literaria ni iba para literato. Escribió una historia para su hijo, ‘Ojalá fuera cierto’ (Roca), que se convirtió en el mayor ‘bombazo’ francés en lo que va de siglo XXI: tres millones de copias. La factoría de Steven Spielberg, DreamWorks, olió su éxito (dinero llama a dinero) y lo adaptó al cine. 15 millones de libros después, presentó en 2008 su última novela: ‘Los hijos de la libertad’. Es la historia de su padre en la Resistencia anti nazi, esto es, la historia del padre (o abuelo) para el hijo (Levy como escuchante esta vez), y escrita por el hijo. El señor Levy parece demostrar que el éxito es una fórmula susceptible de ser repetida una y otra vez cuando se llega a conocer. El suyo parece no conocer vuelcos ahora que todo vuelco sólo podría ser para mal. Un afortunado con una fructífera vida familiar.
‘La piedra de la paciencia’ Atiq Rahimi
El último premio Goncourt lo ganó este afgano, refugiado político en Francia desde 1985, que escribía por primera vez en francés. Rahimi denuncia el maltrato de la mujer en su país de origen con una técnica similar a la de Delibes en ‘Cinco horas con Mario’. Esto es, una mujer que habla a un cuerpo varón e inerte en presente del indicativo. Es, por tanto, una novela y un lamento (en presente, y de actualidad), que tiene base (e inspiración) en una experiencia amarga del autor (la víctima fue una escritora amiga suya). Rahimi, que dice que aprendió el francés a través de Marguerite Duras, escribe desde su asilo político y lingüístico sobre la opresión de la mujer. Igual pensaba devolverle la deuda pedagógica a Duras, y, por extensión, a las escritoras del mundo. Todo arte con pretensiones de denuncia tiene mucho de homenaje a alguna víctima, que, entre otras cosas, son su inspiración, su musa.
Lecturas anteriores:
LA CHICA QUE SOÑABA CON UNA CERILLA Y UN BIDÓN DE GASOLINA, de Stieg Larsson.
En la obra, Larsson vuelve a adentrarse en el mundo de “los hombres que no aman a las mujeres” de la mano del periodista Mikael Blomkvist y la hacker Lisbeth Salander. En esta ocasión, el argumento se centra en el traffiking (el tráfico de personas con fines de explotación sexual).
YO, CLAUDIO, de Robert Graves.
Yo, Claudio es la novela más conocida de Robert Graves, convertida en uno de los grandes best-sellers del siglo XX. La historia narra la vida de Claudio, cuarto emperador romano, desde su nacimiento hasta que se convierte en emperador.
EL GUIÓN, de Robert McKee.
Robert McKee me ha proporcionado una comprensión profunda del guión y de la psicología de la escena. Nadie en el negocio cinematográfico puede prescindir de su El guión.” QUINCY JONES.